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Hace 45 años, Reflejos de rebeldía Festival de Avándaro

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Graciela Iturbide expondrá ‘Un episodio de la contracultura mexicana’ que se inaugura el 14 de septiembre en el Museo del Chopo.

Graciela Iturbide (Cd. de México, 1942) retrató la libertad. La libertad hecha música. La música hecha  rock. El ROCK hecho protesta. Fotografió el reproche de una generación bajo el cobijo de la contracultura. La expresión de 250 mil jóvenes que se manifestaron al unísono contra la represión política y social. Captó sus miradas de reprobación y sus cuerpos enfiestados en un exhaustivo acto de rebeldía. Registró con su cámara réflex el famoso Festival de Avándaro, la tremenda fiesta de los rockeros mexicanos en 1971.

¿DÓNDE Y CUÁNDO?
Graciela Iturbide, Avándaro. Un episodio de la contracultura mexicana se inaugura el 14 de septiembre, a las 19:00 horas, en el Museo Universitario del Chopo (Doctor Enrique González Martínez 10, Santa María la Ribera).

La casualidad llevó a la fotógrafa mexicana al pueblo de Valle de Bravo. “Yo no sabía nada de rock, ni sé ahora”, confiesa. Pero de la jornada musical obtuvo más de 50 instantáneas en color y en blanco y negro; una crónica visual del 11 y 12 de septiembre de 1971, el festival de rock considerado el más importante en México. “Llegué por casualidad, yo no iba a hacer foto, sólo acompañaba a mi maestro (el cineasta) Jorge Fons”, recuerda en entrevista.

El ejercicio de memoria viene a cuenta por el 45 aniversario del Festival Rock y Ruedas de Avándaro —nombre real—, que el Museo Universitario del Chopo conmemora con la exhibición de 56 fotografías de la artista, en su versión original. Es la muestra Graciela Iturbide, Avándaro. Un episodio de la contracultura mexicana, con la curaduría de Álvaro Vázquez Mantecón. Un relato de la mirada “empática” y “curiosa” de quien iniciaba su trayectoria en la lente.

Yo empezaba hacer fotografía, y estas imágenes son una experiencia de mis primeros trabajos en la fotografía.

Iba con mi maestro Jorge Fons, porque él iba a grabar sobre todo al grupo (La Revolución de) Emiliano Zapata.

Yo llevaba mi cámara y me puse hacer fotos”. Era la época en que Iturbide estudiaba en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, y era asistente de Manuel Álvarez Bravo. Tenía 29 años de edad.

La libertad en todas sus expresiones capturó la atención de la artista Premio Nacional de Ciencias y Artes (2008). Ese espíritu desenfadado que congeló en retratos de jóvenes con jeans acampanados, cabellos largos, descalzos y cigarro en mano. Grupos de rebeldes que cantaron y bailaron con los Dug Dug’s de Armando Nava, El Ritual, Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, La Ley de Herodes, Soul Masters, La Fachada de Piedra y el Oso Milchorena.

Era una experiencia diferente de lo que había vivido antes. La gente se desnudó, había mota, y todo me pareció muy interesante. Y ahí cualquier persona podía hacer foto, me gustó mucho haber estado ahí”, relata. Estas fotos se publicaron por primera vez en el libro Avándaro (Editorial Diógenes, 1971), con textos de Luis Carrión; ahora la editorial Trilce replicará el ejemplar con textos de la fotógrafa y Federico Rubli.

Las imágenes proyectan la perplejidad de la sociedad mexicana. Pero Iturbide no registra conflictos, no denuncia, no juzga, no oculta. Su imagen cuenta una historia, y lo hace en complicidad con los protagonistas. “Era una fiesta y todo mundo podía fotografiar, por eso era bastante fácil hacer este trabajo en colaboración con ellos.

Me quedé desde que inició el primer día hasta que se fue la gente y quedó el basurero”.

Y si bien las fotos muestran una calidad estética, la artista las ve como trabajo de principiante.

“No es un trabajo maravilloso, aproveché todo lo que vi y al final quedó algo interesante”.

Mirada empática

Para el historiador Álvaro Vázquez Mantecón, las fotografías son una inmersión total de Iturbide en el momento y espacio: “Graciela se funde con el festival”. A partir de la empatía, la fotógrafa consigue proyectar la convivencia en los campamentos, el éxtasis sobre el escenario, la explosión de colores, la naturalidad de los cuerpos desnudos, el despecho de la contracultura. “Creo que es un momento de Graciela que tiene ya definido su estilo de fotografiar: esa mirada atenta sobre la gente, un diálogo con la persona retratada”.

Entonces no son fotografías de alguien ajeno, sino de una artista que establece relación con los personajes, y estos conscientes de su interlocutor se dejan mirar, permiten el registro de su rebeldía. Y a la distancia las instantáneas hablan de la generación que, posterior a la represión estudiantil de octubre 1968 y de junio de 1971, se abre a la contracultura como una opción de expresión. Esa cultura fuera del nacionalismo, de la música “elite” y más bien experimenta sus propias creaciones.

El festival fue polémico en la historia cultural y social de la primera mitad de los años 60 en México y corrieron versiones positivas y negativas; hubo una mirada de la prensa amarillista que juzgó mucho el consumo de drogas. Entonces la visión de Graciela es un punto de vista más, pero es válido porque fue empático con los personajes, no hay una crítica sino un diálogo con ellos”, refiere el curador quien describe la mirada de la artista como curiosa.

Vázquez Mantecón incluyó al recorrido expositivo una serie de documentales de la Filmoteca de la UNAM que contextualizan las fotografías de Iturbide. Incluso evidencia una perspectiva similar entre los cineastas y la artista en el sentido de buscar relatos.

La exposición divide los dos días del festival en cuatro momentos clave: la expectativa que generó el concierto, el éxtasis del momento, la explosión musical y el final de la fiesta.

Lo importante en el rescate de una historia como esta es la reflexión de cómo ocurrió esa contracultural, porque es cierto que Avándaro fue punto de partida de una historia muy larga del rock mexicano, compleja y variada”.

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  • Baloo Goldsmit

    la imagen principal de la nota no es de Graciela Iturbide es de Pedro Meyer

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