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La segunda temporada de ‘Narcos’ ya está disponible

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La espera terminó.

A partir de la medianoche de este viernes, 2 de septiembre, Netflix estrenó la segunda temporada de Narcos, la serie que retrata el nacimiento y cénit del capo colombiano Pablo Escobar.

La fiebre de Narcos de Netflix ha sido tal, que la serie hasta tiene su propio juego móvil para iOS y Android. El juego, Narcos: Cartel Wars, te ayudará a convertirte en un maestro del tráfico de drogas a nivel mundial y podrás decidir si quieres crecer por alianzas con otros traficantes o abrirte paso a plomazo limpio.

Netflix confirmó desde hace varios meses que la segunda temporada llegaría en esta fecha, así que el servicio subió ya los diez capítulos de la nueva temporada para todos sus usuarios en 190 países.

Quitemos el misterio del medio:
Pablo Escobar muere en la segunda temporada de Narcos.

La pregunta, desde el punto de vista de Netflix, no es si muere, sino quién lo mata.

Cuidado a partir de aquí NO SIGAS LEYENDO contiene SPOILER.

Para cualquiera que vio el final de primera temporada, esto es algo obvio (la serie sigue paso a paso la vida del narco y solamente quedaba un año y medio de su vida para toda la segunda temporada). Además, Netflix ha cantado a los cuatro vientos que el personaje principal bailará con la más flaca.

Pero yo diría que esa no es la pregunta importante. La pregunta más importante en esta segunda temporada es cómo sobrevive Pablo Escobar al acecho encarnizado de toda Colombia — y de agencias especiales de Estados Unidos –, y cuando todos lo quieren ver muerto.

Pues, sobrevive, y lo logra casi hasta el final. Lo que ya no sobrevive es el acento molesto de Wagner Moura, quien hace el papel de Escobar y fue duramente criticado en la primera temporada por su débil español. El castellano de Moura alcanza un nivel aceptable en esta segunda vuelta, lo suficiente para poder concentrarnos en su extraordinaria actuación. Pocos actores expresan tanto en el silencio, y el desamparo y desesperación que Moura imprime en los ojos de Escobar — sin aspavientos — es algo que transforma una serie buena en una serie excelente.

Además de Moura, Pedro Pascal vuelve como Javier Peña, uno de los dos agentes de la DEA que persiguen obsesivamente al narco en su natal Colombia. Lo mejor de Narcos es cuando un personaje navega entre el bien y el mal fluidamente, confrontando cualquier criterio de moral y ética y enfrentando cada situación de forma apremiante, con las herramientas (éticas y morales) que hay a la mano en ese momento. El Peña de Pascal — carismático, honesto, corrupto, complejo — es el personaje que mejor enarbola esa fuerza que levanta a Narcos a niveles de un clásico de las series en streaming (de la mano de House of Cards).

Steve Murphy (Boyd Holbrook) es el otro agente de la DEA, quien representa al anglosajón fuera del agua en un país tercermundista que a duras penas puede comprender. Murphy es importante porque es el narrador de la historia, pero su luz es muy tenue comparada con la de Peña. En la segunda temporada, Peña y Murphy están acompañados por agentes de la CIA, un nuevo embajador de EE.UU. más agresivo y una jefa de la DEA que no se sabe si es aliada o enemiga. La mayor presencia estadounidense pone énfasis en la mano del Tío Sam en el conflicto colombiano de la década de los 90, que incluye, además de los narcos y el narcoterrorismo, la guerrilla comunista y los paramilitares de extrema derecha.

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La violencia en esta segunda temporada, aunque suene imposible, alcanza nuevos niveles. Más explosiones, más asesinatos masivos, más escuadrones de la muerte, más sangre. La guerra entre carteles no tiene cuartel, y en ella pierden la vida muchos que lo merecen, pero también muchos inocentes. La constante presencia de la muerte invita a no encariñarnos con ningún personaje, porque no sabemos cuánto durará en pantalla.

La segunda temporada, igual que la primera, le roba mucho a la verdadera historia de la época en Colombia, pero también inventa su propia narrativa. Aunque muchos de los personajes y sucesos están inspirados en la vida real, no son fieles reflejos. Sin embargo, el excelente uso de material documental — fotos y segmentos de televisión de la época — no se repite con el mismo entusiasmo y éxito que en la primera, algo que los más fanáticos del aspecto histórico de Narcos van a extrañar.

Por supuesto, además de los gringos, están los colombianos. Está el gobierno del Presidente César Gaviria, humillado por el escape de la cárcel de Escobar al final de la primera temporada, y desesperado por capturarlo y matarlo. Están los policías que son víctimas del narco, y de la ineficiencia de su propio gobierno. Están los sicarios del Cartel de Medellín, que mueren como moscas, y los Pepes, formados por paramilitares que quieren acabar con Escobar, patrocinados por la CIA. También el Cartel de Cali, que aprovecha la creciente debilidad de Escobar para hacerse del negocio en Colombia y Estados Unidos.

La segunda temporada comienza con el escape de Escobar de La Catedral, la prisión que el mismo se hizo, y cada uno de los 10 episodios muestran el paulatino declive del que fuera el hombre más poderoso de Colombia a manos de sus enemigos. La serie muestra paso a paso la caída de Escobar, al tiempo de recordarnos de vez en cuando que él también es un humano.

Para ello está la familia de Escobar: sus dos hijos pequeños, su madre y su esposa. Ambas mujeres son las únicas en el mundo que ven un rostro del maleante que nadie más puede ver (más que nosotros, la audiencia).

Una actriz que no lució mucho en la primera temporada pero que tiene mucha pantalla en la segunda es Paulina Gaitán, quien hace el papel de Tata, la esposa de Escobar. Su conflicto entre apoyar a su esposo y proteger a sus hijos es otro más de los hilos de tensión y suspenso de la temporada.

Entre gestos de ternura, como cuando posa a un conejito en la yerba para que sea libre, y el amor y pasión por su mujer (sin la presencia de amantes), poco a poco nos vamos encariñando con un monstruo que puede colocar una bomba en el centro de Bogotá o asesinar policías para enviar un mensaje. Este Escobar es más humano que nunca, y lo vemos en sus momentos más bajos, introspectivos y vulnerables.

Este Escobar de la segunda temporada es mejor gracias a su fragilidad y profunda humanidad. No me malentiendan: es un asesino sanguinario, pero la segunda temporada de Narcos hace un buen trabajo en mostrarnos sus motivaciones, y la de sus innumerables enemigos. El trabajo es tan bueno que cuando Escobar finalmente muere en un baño de balas, nosotros, los espectadores, llegamos a lamentar su muerte.

Y cuando Escobar muere (porque va a morir, siento recordarles), la primera pregunta que me vino a la mente fue: ¿cómo hará la posible tercera temporada de Narcos sin el capo de capos? Porque no había pasado ni un minuto después de que terminé de verla, y ya extrañaba a Escobar.

La segunda temporada de Narcos se estrena globalmente en Netflix el 2 de septiembre de 2016.

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