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¿Llegaste a los 40 años y te gusta el clubbing?, Por favor, sigue bailando

40 años bailando mujer mayor



En el presente artículo nos hacemos eco de una realidad cada vez más patente en los clubs: la de que acuden a ellos personas con edades a las que no está socialmente bien visto que salgan y bailen. No compartimos esta opinión y aquí exponemos algunos argumentos a su favor.

Aunque nos pueda parecer lejana, no lo es tanto. Existió una época del surgimiento de la música electrónica, tanto en México como en el mundo. Los jóvenes de aquella época vivieron con estupor y alegría el nacimiento de los clubs y de la música electrónica. Fueron formas de ocio completamente distintas a las que estaban acostumbrados y las abrazaron con ganas. El club y la música electrónica -sin letra en la mayoría de las veces o muy difusa en algunos casos- te permitían evadirte y el baile desenfrenado se convirtió en un elemento catárquico sin igual.

Pero tras este periodo inicial vino una época en la que la música electrónica se encontró completamente estigmatizada. Comenzaron los años más negros de la música electrónica, unos años en los que muchos abandonaron la costumbre del baile y el club, condicionados por el qué dirán y las habladurías.

Pero la música electrónica se fue regenerando y asentándose como el nuevo movimiento contracultural basado en la música –todos los movimientos han tenido esa influencia musical y la música electrónica ha ostentado el lugar en nuestra época-. Nuevos jóvenes se vieron atraídos por la libertad que la cultura clubbing proponía, por los beats repetitivos que les sumaban en trance y les ayudaban a desconectar de sus preocupaciones con una sensación cuasi eufórica.

A la par que la imagen de la música electrónica se iba limpiando –aunque nunca lo hizo del todo y tuvo siempre una relación irregular con las autoridades– ocurrió que muchos de los clubbers fueron envejeciendo. Unos clubbers que seguían encontrando en el club y la música su enclave perfecto de ocio, su felicidad, su plenitud, para muchos la única forma de ocio que habían conocido. Y paulatinamente y contra lo que se suponía que tenían que hacer según los estatutos de la sociedad –que podía ser desde casarse y tener hijos hasta el mero hecho de no salir-, muchos decidieron quedarse. Las críticas contra su forma de vida fueron menos importantes que la felicidad que les proporcionaba el baile. Se acostumbraron a la insana costumbre instaurada en muchos –que en líneas generales hacen lo mismo- de ver criticado por los demás y por la sociedad aquello que les hacía felices.

Ni les importó ni les importa. Ellos y ellas –las más criticadas, siempre- crearon un camino pugnando por que el ocio puede continuar siendo una práctica aceptable pasada una determinada edad. Allanaron un camino para que los clubbers de generaciones inmediatamente posteriores pudieran continuar bailando cuando quisieran, cuando sus responsabilidades lo permitiesen, cuando les diera la real gana. Personalmente, yo los admiro y los respeto. No comprendo esa manía de criticar a alguien que está haciendo lo que le hace feliz.

La próxima vez que veas a alguien de la edad que sea bailando, antes de criticarlo lávate la boca con jabón. Ni conoces su vida ni sabes si está perdido o perdida –término que se suele utilizar-. Quizás sea una persona mucho más “encontrada” de lo que creas.

Y tú, que lees esto, si ya has pasado la edad aceptada para continuar bailando… Por favor, continúa.

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